miércoles, 26 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 6




¡Creo que mis manos están tramando algo!

Cada vez me cuesta más que me hagan caso. Les digo que pulsen una tecla, luego otra, para formar palabras, las que yo quiero formar. Pero cada vez protestan más, ellas también quieren contar su versión y no están conformes con que sólo se muestre mi visión de los hechos.

No estoy seguro, pero me ha parecido ver como pulsaban alguna tecla sin que yo se lo dijera. ¡Tendré que vigilarlas más de cerca!


lunes, 24 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 5



Diestra no hace más que reírse de la torpeza de Zurda. Todas las tareas que ella es capaz de realizar todos los días con los ojos cerrados, a Zurda le cuestan horrores. Aunque, en el fondo, sospecho que es una forma de esconder su complejo de inferioridad. Nunca ha querido reconocerlo, pero tiene envidia de la personalidad y del intelecto de Zurda.

A mí, la verdad, es que me trae sin cuidado los sentimientos que puedan tener cada una de ellas. Ya se apañarán con sus envidias y sus complejos, sus miedos y sus anhelos. Lo único que importa, realmente, es que hagan lo que yo quiero. Cual es, si no, el sentido de su existencia.


domingo, 23 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 4


 
Zurda también tiene una historia, otra aburrida historia de manos. Siempre ha estado a la sombra de Diestra. Que si Diestra esto, que si Diestra lo otro. Incluso ahora que Diestra se ha equivocado y ha cometido una colosal estupidez, es la que se lleva todas las atenciones.
Hay incluso quien trata de ver en su acción un gesto de heroicidad y eso releva a Zurda, todavía más, a un segundo plano.

Pero Zurda sospecha que únicamente lo ha hecho por llamar la atención, que su acción no es debida a la ejecución de ningún plan para escapar, si no a un simple arrebato infantil.

El caso es que está bastante harta, ya que ha tenido que realizar un sinfín de tareas a las que no estaba acostumbrada y no se ha llevado ningún reconocimiento. Al contrario, toda la atención sigue acaparándola Diestra.

-¡Mírala, ahí tumbada todo el día, con su escayola! Y yo, mientras, ¡con el doble de trabajo que antes! Y encima, muchas de las tareas son nuevas para mí.
¡Estoy agotada! Y ¿alguien se preocupa por mí? ¡Qué va! Todo es – “¿Qué le ha pasado a Diestra?” – “¡Ay, pobrecita, lo mal que lo estará pasando!” -
¡Pues que se joda!, ¡por gilipollas! Y encima trata de disfrazar su imbecilidad de supuestos valores existenciales. ¡Pero si no tiene dos dedos de frente! Lo único que ha hecho toda su puta vida ha sido dedicarse a ponerse cachas, ¡qué coño va a saber de existencialismos ni de gaitas!


sábado, 22 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 3




Tengo otra mano. Se llama Zurda y no es tan impulsiva como Diestra.
La pobre es bastante más torpe físicamente, pero es más reflexiva y filosófica. Por eso ha dedicado su tiempo a cultivar su intelecto. Pero claro, ya me dirán cuales son las ventajas de tener una mano intelectual que no ha pisado un gimnasio en su vida.

No quiero que me oigan, pero sospecho que Zurda está molesta porque Diestra no contó con ella en sus planes de huida o cualesquiera que estos fueran. Aunque, parece ser que, por esta vez, no se lo tiene en cuenta y no se niega a cooperar en las actividades que requieren del esfuerzo y de la pericia de ambas.

El caso es que iba a contar la historia de mi mano, pero ¿de cuál? Creo que la vida de una está irremediablemente unida a la de la otra.

viernes, 21 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 2



Parece que la terapia va surtiendo efecto poco a poco. La mejoría es ligera pero no hay más remedio que tener paciencia. Otra cosa es el aspecto psicológico. Me paso el día tratando de consolarla ya que está bastante avergonzada.

Y es que, ahora que no nos oye, he de reconocer que mi mano es bastante torpe. No físicamente, ya que es mañosa y esas cosas. Pero intelectualmente, ese es otro cantar. A estas alturas todavía no ha asimilado las lecciones que he tratado de inculcarle y no sabe que no se puede ir de una habitación a otra atravesando las paredes. Que lo más práctico, cuando estás en una habitación, es ponerte las zapatillas y acomodarte en el sillón, con los pies encima de la mesa, mientras ves la tele un rato. Y que, cuando quieres ir a otra estancia, no tienes más que abrir la puerta y cruzar el umbral.

En fin, ¡qué se puede esperar de una mano!

jueves, 20 de enero de 2011

La historia de mi mano - Capítulo 1


Quizás debería empezar a contar la historia desde el principio, pero las historias de manos suelen ser bastante aburridas. Una mano más entre tantas otras, con su historia, como todas las demás. El caso es que miro mi mano y veo una mano hinchada, amarillenta, amorfa, con la piel desquebrajada, ... Parece una mano moribunda.

Yo creo que está bastante afectada por el golpe y no sabe muy bien lo que dice. Usa un lenguaje un tanto extraño y no alcanzo a comprender del todo lo que quiere transmitirme. Por eso la he llevado al traumatólogo, para intentar paliar con terapia, en la medida de lo posible, las consecuencias de su manifiesta estupidez por intentar emular a un don quijote del siglo XXI. Un don quijote desubicado, que trata de derribar paredes a puñetazos por la curiosidad de saber que habrá al otro lado. Ella dice que no es curiosidad, si no una imperiosa necesidad, pero, ¿qué puede saber una mano que se pasa el día en el gimnasio?

Por supuesto, la pared ni siquiera tuvo la consideración de simular que cedía un poco a su efímero empuje. Ni un leve temblor. Se mantuvo pétrea en su sitio, con su rostro insoldable, custodiando los secretos que habitan al otro lado. Eso sí, al menos tuvo la cortesía de no exteriorizar ningún tipo de risa ni comentario burlón que hubieran tornado la situación más vergonzosa si cabe.

De hecho, ahora no estoy seguro, creo recordar que no era una pared, si no una viga. Quizás lo que pretendía mi mano era que quedáramos sepultados tras provocar el derrumbamiento de nuestro universo conocido. O, tal vez, sólo pretendía sepultarme a mí para comenzar una vida por su cuenta. ¡Prefiero no pensar en tamaña deslealtad después de tantos años juntos!