Un susurro al oído,
el viento desbocado.
Eso eres tú.
– Mystic –
Cayeron los muros, los muros de la entelequia.Las trompetas, aliadas con el viento, han sentenciado,han mancillado los cimientos con sus notas esbirras.Un estruendo arrojado al aire, escupido, vomitado.A ese aire que forma, cómplice de notas corpóreas,una sustancia de alquimia que socava, con ahínco,las viejas murallas de la ciudad eterna.
¡Como gotea la brea quemada que encharca mis pies!Esa brea que fluye por el cauce del tiempo.Un tiempo seducido por las notas de trompetas.Unas notas que se ahogan en la brea.Eterna elipse que no cesa de rotar.
El tiempo, que encauza la brea con sus notas,está envuelto en una tregua, liberado,tal vez por una deidad, de su lineal transitar.Se desdobla, retorciéndose a su antojo,y se pliega, recogiendo los escombros.
– Mystic –
Había tormenta esa noche.Esa última noche.La lluvia chocaba con fuerza contra el cristal,parecía querer colarse por la ventana entreabierta.Las gotas jugueteaban y dibujaban interroganteso, más bien, eran reflejo de mis propias dudas.
Quien sabe cuantas más veces robaré tu aroma al amanecer.Quien sabe cuantas más veces arderá tu cuerpo a contraluz.Tendríamos que preguntarle al albasi le gusta vernos juntos cuando se despereza el día.
Al despertar, un ejército de nubes grises parapetaban al sol.No pudimos verle ni preguntarle cual ancestral oráculo.Tuvimos que decidir nosotros.
Esa no fue la última noche.Vinieron otras.Esa última noche vendría sin avisar.
– Mystic –